De pinta

Comencé a inhalar un día que me fui de pinta al parque que está a la vuelta de la secundaria. Un chavo llevó una lata de activo y, sin preguntarnos, nos mojó a todos un papel y nos dijo que lo probáramos. Ví cómo lo hacían los demás, lo olí… y me gustó. Semanas después falté a la escuela para ir al Bosque de Chapultepec y probar las famosas “monas”.

Al principio, fue muy agradable pero no sabía nada sobre los daños que te provoca inhalar, esto lo sabes hasta que lo vives. En la “secu”, empezaron con el activo, después con la marihuana, los chochos y la cocaína.

Pronto empecé a tocar fondo, dejé de entrar a la escuela para irme de pinta y “activarme”, así, sin darme cuenta ya no era una “mona” ya eran hasta 3 al día. Mi mamá fue la primera en darse cuenta de lo que estaba haciendo, ese día llegó temprano del trabajo, y a mí se me había ocurrido invitar a mis amigos a la casa. Al principio, ella pensó que todos estábamos borrachos, pero después se dio cuenta de lo que en realidad pasaba por el olor. Se enojó mucho, me regañó delante de mis amigos y los corrió.

A partir de ese día, mis papás me llevaron a tratamiento. Yo estaba muy enojada con ellos y no quería ir porque pensaba que no estaba haciendo algo malo, para mí sólo era un juego, se trataba de pasarla bien. Además pensaba que muchas de las cosas que me pasaban era por culpa de mis papás, y aunque al inicio no me latía, hice lo que ellos querían. Ya en tratamiento tardé meses en darme cuenta de cómo eran realmente las cosas, todo el daño que me había provocado, así como haber perdido a mis verdaderos amigos, el tener que haber dejado la escuela. Ya llevo dos años sin “activarme”, pero sé que todavía tengo mucho por hacer para estar bien no sólo conmigo misma, sino también con mis papás.

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